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Tres artistas que redefinen la relación entre humanos y plantas en Martinica y Guadalupe

A painting of a dark-haired woman whose skin is covered in green leaves and vines, wearing a dark blue dress, against a lush green landscape. In the sky, a dark figure with a tail and fiery feet flies while carrying a smaller figure.

The Book of Violette: Hélène (El libro violeta: Helena), 2025, acrílico sobre tela, 61 x 50 cm. © Kelly Sinnapah Mary 2025. Cortesía de la artista y galería James Cohan, Nueva York. Foto de Nicolas Brasseur

Tres productores de arte oriundos del Caribe reimaginan las relaciones entre humanos y naturaleza contrarrestando la violencia colonial y creando lenguajes visuales propios. A través de metáforas de plantas y la agroecología, buscan la soberanía y una ética renovada de amor a la Tierra.

En su ensayo Malaise d’une civilisation (Malestar de una civilización), Suzanne Césaire evoca la identidad martiniquesa como “homme-plante” (humano-planta). En un proceso de ósmosis entre no humanos y humanos, la tierra y la carne, establece la ontología martiniquesa que encuentra su emancipación en esa conexión con el ambiente orgánico, lejos de las percepciones del doudouismo. En 2020 se destaparon las injusticias coloniales y ambientales del escándalo de la clordecona y esto dio lugar a manifestaciones anticolonialistas pero el problema persiste hasta hoy. Como reflejo de esto, en Martinica y Guadalupe, las iniciativas agroecológicas están tomando forma y adquiriendo fuerza. Queremos soberanía alimentaria y volver a afianzarnos en prácticas ancestrales que son beneficiosas para la Tierra. Queremos avanzar más allá de una relación condicionada por la violencia colonial capitalista para generar de nuevo una relación y una política de amor transformadoras, como teorizó Malcom Ferdinand en S'aimer la terre (Amar la tierra, 2024).

Durante mi estadía en Martinica y Guadalupe observé y debatí sobre el impulso creativo de artistas locales y miembros de la sociedad civil que están incorporando el tema del Antropoceno. En los últimos años ha habido varios proyectos de exhibiciones en Martinica como “Être en Lieux Blessés” (Estar en lugares heridos) de Elise Fitte-Duval, Remèdes et poisons (Remedios y venenos), la exhibición Homo Sargassum, así como Welto and the Sacred Bushes (Welto y el arbusto sagrado) en Berlín, Alemania. En Guadalupe hubo proyectos de Guy Gabon y Minia Biabiany, y elRimèd Razyé de Anaïs Verspan.

¿Cómo los artistas nos ayudan a transformar y repensar nuestra relación con los seres vivientes? ¿Cómo los artistas nos ayudan a reparar esa relación? Aquí rindo homenaje y expreso mi mayor respeto a las personas, especialmente a las mujeres, que están trabajando para desarrollar una renovada conciencia de la vida en la Tierra. En este texto, me centraré en la obra Gwladys Gambie, Kelly Sinnapah Mary, y Tomeskä, tres productores de arte caribeños que prestan atención a cómo vivimos en esa islas. Como alguna vez escribió bell hooks: debemos “reclamar una herencia espiritual en la que conectar nuestro bienestar con el bienestar de la Tierra”, y esto es una “instancia necesaria de la curación”.

Black and white photo of a person wearing a wide straw hat that hides their face, standing at a market stall.

Tomeskä, experiencia Kannari en el Festival Labadijou, 2025. Cortesía del artista. Foto: Sentwòz.

Gwladys Gambie es una artista visual de Martinica, que trabaja sobre la representación de los cuerpos femeninos caribeños y la colonialidad. A través de su nuevo proyecto sobre pyékoko (cocoteros), explora la memoria que los árboles portan dentro de sí a través de retratos dibujados a mano o bordados. Durante mucho tiempo visto como exótico por la mirada colonial, el cocotero está tomado aquí en cuanto motivo –a veces herido, cortado, espinoso–, en cuanto símbolo icónico que ella reubica como testigo de la realidad colonial. Al presentarlo como personaje principal, ella revela la íntima relación que la población tiene con él, una fuente infinita de recuerdos para todos los niños que crecen en las Antillas. Y esto es válido también para el abuelo que trepa esos árboles y corta los cocos con un machete, para el agua fresca de coco, el susurro y la agitación de las hojas de las palmeras durante un huracán, la presencia necesaria.

Kelly Sinnapah Mary es una artista guadalupeña cuyas obras narran la memoria indocaribeña a través de personajes polimorfos y símbolos. Las plantas –agentes de la narrativa– cubren el cuerpo de la figura principal. No son una aditamento sino personajes por propio derecho, que camuflan, protegen y curan como bálsamos que la mirada occidental es incapaz de descifrar, advirtiéndonos sobre la indestructible ósmosis entre los no humanos y los humanos. La artista pone el conocimiento y el poder de las plantas medicinales como el atoumo (jengibre de concha) y el chadon beni (cilantro habanero) en el centro de su investigación, teniendo en cuenta que son plantas indispensables en la cultura caribeña. Inspirándose en autores como Maryse Condé y Edouard Glissant, Mary crea su propia ecopoética bajo el símbolo de la planta transformando la literatura en una estética figurativa.

Rolland Pavilla, el fallecido docente, artista, poeta y experto en plantas, lo expresó a su manera: “la jardinería es un arte y es casi más espiritual que la pintura”. El arte de cultivar plantas es un acto creativo en sí que es complementario de la obra artística. Teniendo esto presente, asistí a una performance de Tomeskä, en la cual ella repiensa la herencia y el diseño culinarios de Martinica. Influido por el libro de Maryse Condé Victoire, les saveurs et les mots (Victoire: los salvadores y las palabras, 2006), la performance combinaba fragmentos literarios, coreográficos y musicales, y la puesta en escena se hizo junto con la compañía del festival Labadijou. Fue una experiencia bella en la que un cóctel se volvía azul gracias a las flores de campanilla, o una torta colocada en una hoja de plátano estaba adornada con flores comestibles ofreciéndonos la oportunidad de redescubrir esa herencia. Tomeskä es la lideresa y fundadora de Gangan Nikwa, una práctica artística y culinaria que repiensa la relación sociocultural con la comida y los seres vivos a partir de diseños culinarios, instalaciones y la creación de nuevas recetas. Sus creaciones tienen fundamento en la investigación antropológica y Tomeskä está comprometida con la autodeterminación y el cuidado colectivo a través de la comida, entretejiendo la historia de las memorias ancestrales.

Sobre el autor

Eva Shané Augustine

Crecida en Martinica, Eva Shané Augustine (@evethealchemist) trabaja en París y Martinica como poeta, curadora y programadora cultural. Está especializada en ecología política, metafísica y concibe al arte como una fuerza transformadora que sirve para el cambio social.

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