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Las artistas que establecen lazos ecológicos en la fugitividad y el marronage femeninos

A person in a white dress walks barefoot on a rocky beach, carrying a large bouquet of red flowers, with ocean waves crashing behind them.

Deborah Jack, the water between us remembers, so we carry this history on our skins, long for a sea-bath and hope that the salt will heal what ails us (el agua entre nosotros recuerda, así llevamos esa historia en nuestras pieles, anhelamos un baño de mar y esperamos que la sal nos cure de lo que nos aqueja), 2018. Video en color de un solo canal, 15 min, 42 seg. Cortesía de la artista.

Juana Valdés, Deborah Jack y Jamilah Sabur reinterpretan el Caribe como sitio de memoria y resistencia ecológica. Valdés explora la migración y la identidad afrocubana a través del agua como metáfora del desplazamiento y la curación, mientras Jack usa la sal para evocar el mar como testigo del trauma climático, y Sabur recurre a la geología y el lenguaje para excavar historias negras e indígenas enterradas encuadrando el marronage como vuelo físico y transformación temporal.

Durante siglos, los paisajes caribeños –manglares, montañas, cuevas y vías navegables– fueron santuarios para las comunidades maroon que buscaban la libertad más allá del régimen colonial. Hoy, artistas mujeres caribeñas reimaginan esos espacios como sitios de fugitividad y posibilidad planteando las ecologías cambiantes como fundamentos de autonomía, memoria y futuros hipotéticos.

En las sociedades indígenas y afrodiaspóricas,las mujeres han funcionado como guardianas fundamentales de la agricultura sustentable y la administración de los recursos, habilidades vitales para la resiliencia de la comunidad. A pesar de la colonización y el patriarcado, este conocimiento se preservó y se transmitió mediante tradiciones orales, aprendizajes no formales y rituales sagrados. Juana Valdés, nacida en Cuba y crecida en los Estados Unidos, es una artista que explora la migración, la raza y los legados coloniales a través de la materialidad centralizándose en las mujeres como preservadoras y guardianas del conocimiento ecológico. Su instalación escultural The Journey Within (El viaje interior)(2003) presenta unos cien barcos delicados de porcelana blanco con una forma que recuerda los barcos de papel plegado. Dispuestos en grupos para semejar una flotilla, los botes evocan un desplazamiento colectivo, sus formas frágiles replican el estado vulnerable de quienes emprendan peligrosos viajes a través de los océanos y mares. El título de la obra, sin embargo, ubica la migración no sólo como un cruce sino también como una profunda transformación interior.

An art installation of white ceramic paper boats on a wooden floor, with a flowing fabric sculpture in the background.

Juana Valdés, The Journey Within (El viaje interior), 2003. Cerámica (botes vaciados en porcelana). Dimensiones variables, cada uno 5 x 8 x 13 cm. (conjunto de 100). Foto: Zachary Balber.

Art gallery with a central illuminated white dress sculpture, a row of small flesh-toned objects, and three dark-toned paintings.

Juana Valdés, Otra vez al mar, 1994. Medios mixtos (vestido de organza, luz, red de pesca, anzuelos y sonido), 183 x 244 x 183 cm. Foto: Zachary Balber

De modo similar, Deborah Jack, nacida en Sint Maarten, concibe el mar como testigo y como agente en la supervivencia de los isleños usando instalaciones multimedia para considerar los diferentes impacto de la esclavitud, los huracanes y la vulnerabilidad ecológica. En su instalación de suelo Jack shore (costa) (2018) sumerge a los observadores en un paisaje posthuracán usando sal de ollas antiguas, cuya presencia sirve a un propósito doble: remitir al pasado colonial de la isla, cuando la producción de sal era la industria clave vinculada a la explotación y el comercio, y resaltar la continua vulnerabilidad de los litorales caribeños. En su obra sonora the water between us remembers... (el agua entre nosotros recuerda)(2016), Deborah Jack vuelva al mar como fuente material usando grabaciones de olas y tormentas para evocar los sentimientos de diáspora que experimentan las personas separadas de sus hogares por las enormes masas de agua que alguna vez las transportaron.

Así como el océano porta memoria colectiva, el paisaje caribeño también preserva conocimiento encarnado, mucho del cual está arraigado en tradiciones femeninas de curación. Las economías de plantación que dependían del trabajo agrícola forzado, reformularon las ecologías y sometieron a las mujeres negras a un trabajo duro y a la vigilancia. Pero el conocimiento botánico y terapéutico de las mujeres se volvió herramienta crucial para el marronage y la resistencia sutil. Ambas, Valdés y Jack reivindican esas historias transformandoel paisaje de un lugar de extracción a un contraarchivo viviente, donde las plantas, la sal y los sedimentos son testigos y colaboradores.

A dark-skinned person with closed eyes, their face and shoulder illuminated by red and green light patterns.

Deborah Jack, shore (costa), 2004. Vista de la videoinstalación de tres canales shore en Big Orbit Gallery, Buffalo, Nueva York. El espacio estaba ocupado por cinco toneladas de sal de roca y una piscina reflectora de 40 x 20. La pieza establece una referencia visual con los huracanes atlánticos, la esclavitud, el mar. Estos están por la fuerza conectados como un catalizador del trauma histórico. El huracán es visto como un memorial natural de los cuerpos perdidos en el mar durante el Pasaje del Medio. Cortesía de la artista.

Two projected panels: a yellow-brown abstract form and a blue swirling hurricane, both reflected on a dark surface.

La artista jamaiquina Jamilah Sabur se compromete con la geología como metáfora y método para acceder a historias sumergidas e imaginar nuevas formas de convivencia. Su práctica recorre la performance, la instalación, el video y el texto trazando conexiones entre el fondo del océano, el espacio exterior y las experiencias de las mujeres caribeñas negras. La fascinación que Sabur siente por las formas geológicas (acantilados, cuencas, rocas volcánicas entre otros) se articula en su exhibición Hammer Projects en el museo Hammer, de Los Angeles (2019), donde el acantilado se torna una metáfora del origen y de la historia estratificada. Sabur llama la atención sobre cómo la superficie terrestre contiene trazos del tiempo, del movimiento y la transformación, particularmente historias humanas modeladas por la migración, el trauma y la resiliencia. Las capas de roca de un acantilado reflejan las capas de memoria y así se sugieren que nuestros orígenes personales y colectivos se fueron construyendo a lo largo del tiempo, modelados por fuerzas visibles y ocultas. Este compromiso con el tiempo geológico encuadra el “marronage” como un proceso continuo y sísmicode convulsión y creación, simbolizado por la tierra misma que cambia.

La obra de Sabur, en consecuencia, está profundamente involucrada con las políticas de nominación y lenguaje, una extensión de la atención que ella presta al tiempo profundo. Durante su residencia en el Crisp-Ellert Art Museum, en St. Augustine, Florida, Sabur estudió la extinta lengua timucua, que ella encontró a través de un texto franciscano de 1612. Cuando obtuvo la ciudadanía estadounidense, Sabur cambió su segundo nombre por Ibine-Ela-Acu, que quiere decir “Agua Sol Luna” en timucua, un gesto de memoria y rechazo de cara al borramiento colonizador.

An art installation on a white wall featuring a four-panel artwork with green-hooded figures and textured abstract panels, displayed above three neon signs reading "Eltanin" (green), "fhat" (white), and a vertical "trappa" (white), with their power wires visible.

Jamilah Sabur, an antipode, a stairway, a spectral standard from Arabic At-Tinnin (una antípoda, una escalera, un estándar espectral del árabe At-Tinnin), 2023. Impresión de chorro de tinta enmarcado en una bandeja de neón y aluminio, 86 x 86 cm. Cortesía de la artista y Copperfield, Londres.

A dimly lit art gallery with multiple screens displaying video art and images, including white figures on teal, people playing cricket, abstract art, and a child drawing in sand.

Jamilah Sabur, Un chemin escarpé (Un camino escarpado), 2018. Videoinstalación de cinco canales, color, sonido, 11:38. Vista de instalación del Hammer Museum, Los Angeles. Foto: Jeff McLane, 2019.

La vulnerabilidad ecológica del Caribe, que tiene su raíz en siglos de extracción y ahora está exacerbada por el cambio climático, pone en peligro no sólo los paisajes frágiles sino también la rica memoria cultural de la región y las perdurables historias de resistencia. La amplia deforestación y el deterioro del suelo causados por las plantaciones de azúcar de la era colonial dejaron muchas islas expuestas a la erosión y al daño de los huracanes, a la vez que se borraban prácticas agrícolas tradicionales y conocimientos ecológicos indígenas. En islas como Martinica y Guadalupe, la prolongada contaminación proveniente de pesticidas de la era colonial como la clordecona continúa envenenando la tierra y trastornando la agricultura local y así socava la seguridad alimentaria y las tradiciones agrícolas ancestrales. En sus costas mismas, el aumento del nivel del mar y las tormentas cada vez más severas amenazan con sumergir los sitios de herencia costera y los cementerios ancestrales poniendo en peligro hitos tangibles de la vida afrocaribeña e indígena.

Artistas como Deborah Jack, Jamilah Sabur y Juana Valdés responden a la vulnerabilidad de la región creando una obra que perturba las narrativas coloniales y lineales presentando el Caribe como un dinámico espacio de negociación, donde la memora y la relación devienen estrategias de transformación en medio de la continua incertidumbre ecológica e histórica.

Sobre el autor

Lauren Baccus

Lauren Baccus es escritora, docente e investigadora independiente. Su obra explora la construcción de la identidad caribeña a través de tejidos, manufacturas y cultura material. Participó del Taller de Escritura Creativa CCI x C&.

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The Artists Forging Ecological Ties in Female Fugivity and Marronage | Contemporary And (C&)