Sugar Island: una película que revela los legados coloniales entre Haití y República Dominicana

Fotograma de la película Sugar Island, 2024, dirigida por Johanné Gómez Terrero. Cortesía de la producción de la película.
Esta película de Johanné Gómez Terrero utiliza un lenguaje híbrido de documental y ficción para contar la historia de una adolescente dominico-haitiana revelando la violencia antihaitiana sin didactismos y, al mismo tiempo, muestra la comunidad, el afecto y la espiritualidad ancestral como formas de resistencia.
Hay películas que nos provocan una dosis de dopamina instantánea y nos erizan la piel por la excitación. Otras nos tocan más profundamente y requieren un tiempo de digestión y silencio, donde lo sembrado germina y crece hasta integrarse en un ecosistema de conocimiento. La película Sugar Island (2024), de la cineasta, profesora y activista afrodominicana Johanné Gómez Terrero, incentivó esa última sensación en mí. La vi por primera vez durante mi maestría en cine documental en la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), Cuba, en una exhibición programada en la sala Glauber Rocha, que incluyó un debate con la directora.
Esta obra nació como un documental para convertirse en un híbrido de múltiples lenguajes cinematográficos. A través de esa fusión de metalenguajes, la directora teje una narrativa que aprovecha la ficción para contar las realidades crudas que enfrentan las personas haitianas y de ascendencia haitiana en la República Dominicana.

Fotograma de la película Sugar Island, 2024, dirigida por Johanné Gómez Terrero. Cortesía de la producción de la película.

Sugar Island propone una mirada íntima y reflexiva sobre la vida de Makenya, una adolescente dominico-haitiana, nieta de un cañero, cuyo embarazo impulsa un despertar personal, social y espiritual. La dominicana Yelidá Díaz interpreta Makenya, y es una de las pocas actrices profesionales de la obra. Entre las demás, hay activistas que luchan contra la indocumentación de personas de ascendencia haitiana, así como los cañeros que se manifiestan en reclamo de derechos laborales, particularmente del derecho a una pensión tras décadas de explotación.
Makenya vive con su madre y su abuelo en un batey, que es una comunidad azucarera. Curiosamente, la palabra “batey” proviene originalmente de los pueblos originarios taínos, que poblaban Puerto Rico, Haití, República Dominicana y Cuba. El batey se refirió a una plaza central donde el pueblo taíno se reunía para realizar ceremonias y jugar su juego de pelota. Así, la colonización transformó el batey de un espacio ceremonial y festivo en un espacio de explotación laboral y tensión social.

Fotograma de la película Sugar Island, 2024, dirigida por Johanné Gómez Terrero. Cortesía de la producción de la película.

Johanné confirmó haberse inspirado en la fabulación crítica, un concepto acuñado por la historiadora afroestadounidense Saidiya Hartman (2008),quenos invita a contar “historias imposibles”, no solo por su borramiento en los archivos, sino también por la complejidad y novedad de su lugar de enunciación.
La primera escena se desarrolla en las ruinas del ingenio Boca de Nigua, un lugar simbólico donde tuvo lugar una rebelión de personas esclavizadas que tomaron el poder y establecieron un autogobierno encabezado por una mujer, Ana María, conocida como la Reina. El antiguo ingenio azucarero funciona como un espacio poético que se intercala en la narrativa y quiebra la linealidad temporal. Allí se recitan cartas de venta y compra de mujeres negras, provenientes de investigaciones realizadas por historiadores en el archivo colonial dominicano. Otra intervención performática declara el cimarronaje y las fugas de personas esclavizadas como formas de desobediencia y liberación frente a la opresión de la primera industria azucarera instalada en “La Española" (hoy Haití y República Dominicana).

Fotograma de la película Sugar Island, 2024, dirigida por Johanné Gómez Terrero. Cortesía de la producción de la película.

En varias entrevistas, Johanné ha señalado que el embarazo adolescente conlleva una dimensión autoral, ya que ha atravesado a varias mujeres de su genealogía. En Sugar Island se visibiliza que el embarazo no deseado, producto de la falta de educación sexual de una adolescente de trece años no es un caso particular en los bateyes. Además, en un país donde el aborto es un crimen, el control de cuerpos racializados y precarizados perpetúa una forma de violencia colonial.
Makenya, obligada a asumir la adultez, atraviesa un proceso de concientización sobre su posición social como joven indocumentada. Al intentar romper con esa injusticia intergeneracional, impulsada por el deseo de poder registrar legalmente al bebé que está por nacer, descubre que el prejuicio, la exclusión racial y la falta de acceso al registro nacional dominicano afectan a toda su comunidad. Asimismo, es en la comunidad donde ella encuentra una red de apoyo, afecto y cuidado. En todo momento está acompañada y consolada por su mejor amiga, su madre y su abuelo.

Fotograma de la película Sugar Island, 2024, dirigida por Johanné Gómez Terrero. Cortesía de la producción de la película.

Además, durante toda la película se siente una presencia de protección espiritual y ancestral, enraizada en la cosmovisión afrodiaspórica. Esta sensación se manifiesta en el altar dedicado a Santa Marta Lubaná, divinidad del vudú haitiano y santa de la madre de Makenya. También en la presencia constante de la culebra, que representa el llamado espiritual. Asimismo, la consagración de Makenya después de aceptar su llamado tiene lugar en medio del Gagá, una festividad sincretizada que se celebra en los bateyes durante la Semana Santa.
Con esta yuxtaposición de temporalidades, Sugar Island logra que habitemos junto a la protagonista las contradicciones de un territorio donde la herencia colonial aún define el destino de las vidas. Johanné Gómez nos invita a mirar de frente violencias estructurales, pero también nos hace reconocer la potencia de los afectos comunitarios y las espiritualidades ancestrales como formas de sostén y liberación.
Sobre el autor
Mónica Garabito
Mónica Garabito es una artista e investigadora cubano-alemana radicada en Río de Janeiro, Brasil. Sus narrativas se concentran en las genealogías de la imaginación y en las tecnologías de los pueblos afrodiásporicos.

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