Manuel Tzoc: el arte como poesía corporal y relacional

Manuel Tzoc, Moler el olvido/ Amasar la sangre, 2021. Foto: Sandra Sebastian. Cortesía del artista.
En la práctica del artista guatemalteco, el arte se extiende más allá de la autoría individual, enfatizando procesos comunales y ancestrales que articulan experiencias indígenas y cuir.
¿Qué tipo de relaciones surgen cuando la poesía se hace con el cuerpo? En la obra de Manuel Tzoc, esta pregunta se responde a través de una práctica performativa que concibe la corporalidad como espacio de encuentro más allá del propio artista y de quienes han presenciado sus performances. Es en la parte procesual de sus acciones donde se genera una vinculación de la presencia física, los objetos cargados de memoria y un contexto histórico atravesado por la violencia colonial.
En nuestra charla en ciudad de Guatemala en diciembre de 2025, el artista me cuenta que desde la gestación de sus propuestas concibe imágenes corporales donde integra el delirio, la ensoñación y la lucidez como formas de oposición al relato heteropatriarcal y racista de este país. Con este tipo de escenas, activa una búsqueda de las heridas históricas, reimaginando su propio cuerpo como herramienta poética, capaz de interpelar, por ejemplo, cuáles son las identidades que importan y las que han sido excluidas sistemáticamente de la narrativa oficial, entre ellas, las vidas indígenas en Guatemala.

Manuel Tzoc, Activación de la performance Piel en ciudad de Guatemala. Foto: Esteban Biba. Cortesía del artista.
La interrupción de la conciencia es una de las búsquedas que propone la obra performativa de Manuel. Sus trabajos en este formato se plantean desde los conceptos origen, herida, memoria y racismo. A partir de estas temáticas, vinculadas al dolor y la potencia humana, el artista desarrolla imágenes con su cuerpo para visibilizar y darle otro sentido a dichas categorías. Con ellas, propone una reconfiguración del trauma histórico que también abarca su experiencia indígena y cuir. “El trabajo del poeta está en constante búsqueda de la herida”, señala Tzoc, “pero también de la restauración emocional y de la sanación”.
Este modo de reparar la herida desde el oficio poético, puede ubicarse en Tzoc desde sus primeras performances, por ejemplo Piel y Memoria en blanco (ambas de 2016), donde se interesa por la relación entre la memoria afectiva y el dolor histórico, y se vio llevado a elaborar acciones junto al recuerdo y a abordar la corporalidad de su madre y su padre. En 2016 presentó la primera de esas performances frente al Palacio Nacional de Cultura de Guatemala, la sede donde se ejerció el poder de estado responsable por varios genocidios contra la población maya, particularmente del pueblo ixil*. En Piel, el artista viste un atuendo que lo cubre completamente, hecho a partir de un corte jaspeado que usaba su madre, Micaela Bucup. El tejido sobre la carne de Manuel activa un ritual donde su cuerpo, arropado por la memoria maternal, se incrusta afectivamente a espaldas de un edificio donde se ha organizado un estado colonial. La performance propone así una imagen restaurativa. A pesar de la violencia histórica que ha atravesado a comunidades indígenas en Guatemala, el cuerpo de Tzoc conjura un anacronismo visual, situándose frente a una construcción habitada por el fantasma de varios perpetuadores de genocidios en Guatemala.
En Memoria en blanco (2016), Manuel convoca a su padre, Gerónimo Ricardo Tzoc Puac, para imaginar otra forma de comunicación con él, sometiéndose a un ejercicio incómodo, pero liberador. La performance, realizada en público dentro de la galería de Proyecto Poporopo, los coloca frente a frente, mientras permanecen en silencio y sentados. El ritual se activa a medida que padre e hijo hurgan en sus recuerdos para encontrar al otro en el pasado. Recorren desde escenas tiernas y cotidianas hasta las más problemáticas y violentas de su relación. El artista propuso a Gerónimo volver a ciertos momentos: una noche en que el padre llegó con el rostro sangrante; el abrazo que le dio a Manuel tras escuchar que su hijo era homosexual; la vez que Gerónimo llegó ebrio a casa, entre otros. Con este acto, ambos desarman la comunicación afectiva entre sus cuerpos.

Manuel Tzoc, Presentación de Memória en blanco, 2016. Foto: Fabrizio Quemé. Cortesía del artista.
En Memoria en blanco (2016), Manuel convoca a su padre, Gerónimo Ricardo Tzoc Puac, para imaginar otra forma de comunicación con él, sometiéndose a un ejercicio incómodo, pero liberador. La performance, realizada en público dentro de la galería de Proyecto Poporopo, los coloca frente a frente, mientras permanecen en silencio y sentados. El ritual se activa a medida que padre e hijo hurgan en sus recuerdos para encontrar al otro en el pasado. Recorren desde escenas tiernas y cotidianas hasta las más problemáticas y violentas de su relación. El artista propuso a Gerónimo volver a ciertos momentos: una noche en que el padre llegó con el rostro sangrante; el abrazo que le dio a Manuel tras escuchar que su hijo era homosexual; la vez que Gerónimo llegó ebrio a casa, entre otros. Con este acto, ambos desarman la comunicación afectiva entre sus cuerpos.
Además de la co-construcción de la performance junto a otras corporalidades, la práctica de Tzoc se condensa al reflexionar sobre la complejidad de los cuerpos dentro de las territorialidades de América. La refundación de Abya Yala (2016) es una acción presentada en Guatemala y Chile junto al artista Rodrigo Arenas-Carter donde se evoca un encuentro desde las experiencias k’iche’-mapuche, a partir del uso de elementos propios de estas comunidades, mezclándose con gestos en los que ambos performers recorren, ensucian y comparten sus cuerpos. Con este acto, reconfiguran la cartografía política, erótica y sexual de Abya Yala. Luego de romper un mapa antiguo de América, se despojan de sus prendas occidentales para revelar el uso de sus indumentarias originarias. Después de desnudarse, trazan con tinta sobre la piel del otro un mapa de Abya Yala, culminando con la unión y el frote de sus penes junto a una mezcla de barro hecha con tierra de suelos k’iche’ y mapuche, proponiendo un puente carnal.
Otro tipo de relaciones materiales surgen de la obra de Tzoc. Moler el olvido / Amasar la sangre (2021) por ejemplo, es una propuesta donde el performerse coloca en una tabla para moler maíz, sosteniendo un brazo de piedra con la frase que da título a la acción. El gesto ubica la piedra como un elemento ancestral que también reivindica el apellido del artista: “Tzoc”, cuya raíz deviene del verbo tzok'ï'k’, palabra que a la vez remite al “acto de tallar o picar piedra” en el idioma k’iche’.

Manuel Tzoc, La Refundación de Abya Yala, 2016. Foto: Lilo Euler Coy. Cortesía del artista.
Junto a otros saberes, la práctica performativa de Manuel se expande convocando a personas artesanas, como aquellas que se dedican al bordado. En Desatando a Gucumatz (2024), procuró el tejido de varias fajas (pas) pertenecientes a mujeres de su familia. Unidas, las prendas emulan un enorme cordón umbilical que mantiene bordado el título de la obra. Para Tzoc el proceso de creación de esta pieza fue simbiótico en cuanto a la reciprocidad del conocimiento técnico sumado por los tejedores con el oficio subjetivo del artista. Este tipo de proceso cabría en lo que el pedagogo Paulo Freire llamó una “construcción dialógica”, donde el saber no se deposita de forma jerárquica, sino que se construye en relación. El conocimiento brota en diálogo y no desde el poder de uno sobre otro.
Para Manuel Tzoc, cuyo trabajo artístico se ha construido a partir de la poesía escrita, llegar a la performance ha representado otro modo de experimentar con su presencia física. Luego de una década de haberse adentrado en la práctica performativa, y frente a otras experiencias, vidas y objetos, este acercamiento también se convierte en un modo de comunicación en el que las imágenes poéticas operan como otras voces para articular lo aún no asimilado históricamente, como las experiencias indígenas y cuir que se encarnan en la historia de Manuel. A través de sus propuestas relacionales, Tzoc desmonta la idea de un “arte” que pertenece a una sola persona; al contrario, nos hace ver en eso un complejo proceso vivo donde dialogan múltiples cuerpos e identidades así como los procesos comunales y ancestrales que anteceden los planteamientos de su obra.
* José Efraín Ríos Montt fue militar y jefe de Estado de Guatemala entre 1982 y 1983 y en 2013 fue sentenciado por genocidio y crímenes de lesa humanidad.
Sobre el autor
Alejandro Ortiz López
Su trabajo abarca la investigación cultural y el desarrollo de ejercicios curatoriales, con interés por la construcción de narrativas sobre identidad, territorio, disidencias y prácticas de imaginación en Guatemala.
Artículos

Iahra: abordar cuestiones de ecología marina a través de materialidades industriales

La convergencia de vidas africanas e indias en las pinturas de Kelly Sinnapah Mary

Transformando memorias de la violencia estatal a través de la justicia poética
Artículos

Seed Archives: celebrar en Londres el diseño y la cultura de África y el Caribe

Daniela Ortiz: el arte como práctica de solidaridad internacional
