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Macuxi Jaider Esbell: una vida indígena arrancada por el extractivismo epistémico

Vibrant artwork featuring stylized birds and creatures composed of intricate patterns, lines, and textures.

Jaider Esbell, Maikan y Tukui (Zorros y colibríes), 2020. Acrílico y rotulador Posca sobre lienzo, 100 x 75 cm. Foto: Filipe Berndt / Galeria Millan

5 Noviembre 2025

Revista América Latina

Palabras Will Furtado

Traducción Nicolás Gelormini

9 min de lectura

Incluso después de su temprano fallecimiento, la vida y la obra de Jaider Esbell siguen marcando profundamente, con su legado indígena “artivista”, el arte contemporáneo brasilero. Con una carta de Denilson Baniwa, este texto vuelve a recordar al artista y cuestiona el costo de la visibilidad en un sistema que continúa consumiendo cuerpos y epistemes indígenas.

Macuxi Jaider Esbell murió voluntariamente a los 41 años en 2021. Era un destacado artista, escritor, curador y activista brasilero, perteneciente al pueblo macuxi, uno de los grupos indígenas de Roraima, en la región norte de la Amazonia brasilera. Su obra estaba profundamente comprometida con temas como decolonialidad, cosmología y derechos indígenas, combinando herencia cultural con activismo político.

Esbell describía su práctica como “artivismo”, la fusión de arte y activismo orientada a la defensa de los derechos indígenas y de la justicia ambiental. Su producción multidisciplinaria incluía pintura, escritura, performance y curaduría, y frecuentemente encontraba inspiración en la mitología macuxi. En sus obras, abordaba la destrucción ambiental y el extractivismo, los saberes espirituales y mitológicos de los macuxis y de otros pueblos originarios, así como las cosmologías indígenas en cuanto resistencia a las epistemologías occidentales. Uno de sus proyectos más conocidos es la serie A guerra dos Kanaimés, que reinterpreta espíritus tradicionales para comentar las luchas contemporáneas que deben entablar las comunidades indígenas.

Jaider fue un agente fundamental en la inclusión de perspectivas indígenas en el circuito del arte contemporáneo en Brasil. En 2021 curó la muestra Moquém_Surárî: arte indígena contemporânea, en el Museo de Arte Moderno de San Pablo (MAM-SP), una de las primeras grandes exposiciones institucionales del país con este enfoque, que reunió a 34 artistas de origen diverso. El mismo año, Jaider participó como artista de la 34a Bienal de San Pablo. También fundó y dirigió la Galería Jaider Esbell de Arte Indígena Contemporáneo, en Boa Vista, un espacio dedicado a la valorización de artistas indígenas de todo Brasil.

Abstract painting of a sunburst with a black center, rainbow rings, and radiating yellow-green patterns on black.

Jaider Esbell, Mereme’ – El origen del arcoíris y sus misterios, 2021. Acrílico y rotulador Posca sobre lienzo, 110 x 160 cm. Foto: Filipe Berndt / Galeria Millan

El 2 de noviembre de 2021, Jaider fue encontrado sin vida en su departamento de San Pablo mientras participaba de la Bienal. Su muerte se produjo en un momento de gran reconocimiento profesional y bajo una intensa carga de trabajo. Para la 34a Bienal de San Pablo, titulada Faz escuro mas eu canto (Está oscuro pero yo canto),Jaider presentó no una, no dos, sino tres obras: Guerra dos Kanaimés: una vívida serie de pinturas que retratan espíritus ancestrales(kanaimés) comprometidos en luchas contemporáneas, y en la que se refleja la resistencia macuxi por la tierra y la cultura; Carta ao velho mundo: intervención en un libro de historia del arte europeo, donde sobrescribe grafismos indígenas y comentarios críticos, y desafía narrativas coloniales; y Entidades: una escultura inflable de 17 metros en forma de serpientes, instalada en el Parque Ibirapuera, que simboliza las fuerzas de transformación de la cosmología macuxi, en oposición a la estatua del invasor portugués Pedro Álvares Cabral.

En marzo de 2021, realizó su primera muestra individual en San Pablo, Apresentação: Ruku, en la galería Millan.

El peso del trabajo de Jaider me hace pensar en un texto publicado en Hyperallergic, donde el artista estadounidense Damien Davis se pregunta si la visibilidad negra no es, en sí, un commodity, por la forma en que se la valora cuando conviene y se la abandona si ocupa “demasiado” espacio.Ciertamente ese interrogante también puede aplicarse, y demasiado bien, a la visibilidad indígena. El extractivismo epistémico capitalista parece no tener límites, y sólo tomamos nota de su voracidad cuando ese mismo extractivismo roba vida de nuestras comunidades artísticas.

Vibrant painting of a fruiting tree rooted in a boat with dragon heads at each end, floating on a patterned blue and gold sea beneath a dark, starry sky.

Jaider Esbell, El descenso del chamán Jenipapo del reino de las medicinas, 2021. Acrílico y rotulador Posca sobre lienzo, 112 x 160 cm. Foto: Filipe Berndt / Galeria Millan

En la semana de su muerte, su gran amigo y artista Denilson Baniwa escribió unas palabras contundentes sobre las presiones sufridas en la búsqueda de reconocimiento, y compara ese recorrido con una forma de cautiverio, en la cual los artistas indígenas son celebrados y, al mismo tiempo, consumidos por las exigencias institucionales. Con el permiso de Denilson, publicamos aquí abajo la nota completa:

Hola:

Espero que estés firme, incluso en estos tiempos difíciles que estamos atravesando.

Como debes saber, esta semana fuimos sorprendidos por el encantamiento de Jaider Esbell.

Desde que él y yo nos encontramos en este mundo, vivimos y construimos juntos caminos que resultaron importantes, creo, para la escena que se observa hoy.

Él fue un amigo a quien yo llamaba maninho, forma cariñosa para referirse a un hermano en la región donde nací. Como hermanos nos amamos, peleamos, discutimos, jugamos, viajamos juntos por el calor y el frío del mundo, reímos, choramos,bagunçamos o coreto (armamos lío), como dicen por aquí, dejamos de hablarnos, volvimos a hablarnos, trabajamos, saltamos a ríos y mares, concordamos en muchas cosas,disentimos en tantas otras, pero en algo éramos incorruptibles: el deseo de construir un arte en el cual las personas indígenas pudieran tener voz activa y posibilidades de, tal vez, llegar a la cima, lugar en el que nunca estuvimos antes. Jaider llegó a ese lugar y lo que para los blancos es éxito (o “la mejor etapa de su carrera”, según leí en artículos de periódicos), para nosotros dos, ese éxito-blanco-fake, fue volviéndose día tras día una carga. Infelizmente, fue demasiado pesada para él, y podría haberlo sido para cualquiera de nosotros, artistas indígenas. La demanda de respuestas para salvar el arte, la presión de no fracasar en nuestras andanzas o con nuestros parientes indígenas, el hambre ininterrumpida de quien nos ve como una novedad consumible en el mercado, todo lo que se considera éxito. Y el auge de la carrera es un muro que nos encierra y nos quita lo más importante: una vida saludable.

En el momento en que sentimos que las manos del mundo occidental estaban tirando de nosotros, yo me retiré para desacelerar y reflexionar sobre lo que estaba pasando. Primero fueron las redes sociales, a las cuales volvía una y otra vez y contra las cuales me rebelaba porque me llamaban, me mandaban mensajes y eso era como una exigencia de estar siempre online, todo el tiempo, y peor, de estar disponible todo el tiempo. Después di de baja mi línea de teléfono y conseguí otro número de celular sólo para amigos y personas a quien yo quisiera dedicar atención. Pocas semanas atrás, volví a cerrar mis nuevas redes sociales, para salir de esa presión de estar siempre disponible y obligado a responder “cómo descolonizar el mundo”. Como si eso fuera nuestra responsabilidad: salvar el mundo solos. Como si no fuese una responsabilidad de todos. ¡No, no! No estamos obligados a salvar un mundo que nunca nos quiso, pero ahora que nos necesitan, recurren a nosotros y nos exigen que estemos a disposición. Pasaron treinta y dos años hasta que el mundo me prestó atención. Yo sé que muchos de los abrazos y los besos hoy solo forman parte de la etiqueta social de los blancos. Antes lo único que recibíamos de ese mundo era desprecio. Pero esta sangre indígena que guarda rencor y, al mismo tiempo, quiere amar al mundo, nos hace aceptar la etiqueta blanca.

Estuve con Jaider la semana pasada. Charlamos poco, pues nuestras casillas de correo electrónico estaban llenas, nuestras agendas estaban llenas. A pesar de estar todo el día juntos durante toda una semana, desde el desayuno hasta la hora de dormir, charlamos poco.Y en nuestras pocas charlas, nuestras demandas eran las mismas: las ganas de darle una bofetada a la siguiente persona que nos pidiera una reunión online. Jaider estaba cansado. Yo estoy cansado. Nosotros estamos cansados.

Lo que se postea en las redes sociales no representa el dolor por el cual pasamos diariamente. El Jaider Esbell fuera de Internet no era el Jaider Esbell posteado. El Denilson Baniwa fuera de Internet no es para nada el que ven ustedes en los Lives. Cuántos Lives hice obligándome a aparentar estar bien para no dejar a nadie preocupado. Cuántos Lives hice literalmente enfermo, con fiebre, con dolor. Pero eso no era lo que se veía.Yo no hacía eso –y seguramente tampoco lo hacía Jaider– para agradar al blanco o volverme famoso. El motivo principal era construir un camino para otros indígenas, construir posibilidades para los nuestros. Éramos el espejo para quien es indígena y sigue soñando con ser artista o cualquier cosa diferente de la realidad espantosa en que viven hoy los jóvenes y niños indígenas.Nos obligábamos a estar disponibles para un mundo que creo, como creía Baniwa, es para aquellos que todavía no han nacido.

Pero eso pesa. Así, pido, con mucho respeto por Jaider y los artistas indígenas pasados-presentes-futuros, que tratemos de que ese camino abierto por nosotros nunca sea prohibido, que el matorral no nos cierre el paso. Que nosotros, tú y yo, limpiemos siempre el camino y, en un futuro cercano sea más fácil recorrerlo. Cuidemos la memoria de Jaider Esbell. Y, sobre todo encarguémonos de que el andar sea más ligero, el nuestro y el de otras personas.

Y me doy cuenta de que, si el éxito y la cima –por los que luchamos tanto– resultan en tragedia, siento que necesito pensar todavía más sobre qué tipo de arte indígena debo construir. Y si la recepción que el mundo del arte occidental nos propone llevó a uno de nosotros a un desenlace grave, necesito pensar todavía más sobre qué tipo de relación quiero mantener con ese arte.

Voy a desacelerar todavía más, hasta el punto de que sea una carrera de fondo y no una competencia de triatlón. Mi trabajo continuará en honor a Jaider Esbell, como ya era en recuerdo de tantos otros parientes indígenas anteriores a mí.Si debemos resistir a través del arte, resistiremos a través del arte. Pero, por mi parte, no será para satisfacer el hombre de ningún glotón del arte.

Con cariño y admiración,

Denilson Baniwa

Sobre el autor

Will Furtado

Will Furtado es le editore en jefe de C&AL.

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