Daniela Ortiz: el arte como práctica de solidaridad internacional

Daniela Ortiz, La rebelión de las raíces, 2022. Cortesía de la artista.
11 Febrero 2026
Revista América Latina
Palabras Noushin Afzali
Traducción Nicolás Gelormini
5 min de lectura
Habiendo reorientado su práctica lejos de la institucionalización y hacia la accesibilidad, la artista peruana funda su trabajo artístico en las luchas históricas e internacionales y ve en el arte una pedagogía política activa.
La conversación con Daniela Ortiz se desplegó en un contexto de creciente represión dentro de las instituciones culturales, donde temas como el colonialismo, Palestina y la violencia imperial reciben, cada vez más, silencio o sanción. En lugar de ofrecer una posición defensiva o la abstracción Daniela habla con precisión política, fundando su práctica en la historia, en el internacionalismo y el rechazo de los eufemismos liberales. Lo que sigue es un diálogo modelado por la urgencia, la claridad y la comprensión del arte como una fuerza activa dentro de las luchas por la liberación.
Desde un comienzo Daniela deja en claro que la censura no puede entenderse a través de los conocidos esquemas morales del liberalismo o la socialdemocracia. Estos esquemas, ella insiste, no son neutrales; han funcionado como escudos de ideologías supremacistas, coloniales e imperialista. La artista peruana sostiene que la idea liberal de “libertad de expresión”, lejos de ser emancipatoria,muchas veces se ha usado para normalizar el racismo, la islamofobia y la violencia colonial. Dentro de esa lógica se da abrigo a las posturas reaccionarias o fascistas mientras que se estigmatizan como autoritarios los estados y los movimientos que enfrentan al imperialismo.

Vista de instalación, Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia porque de ellos es el reino de los cielos, Kunsthalle Zürich, 2022. Cortesía de la artista.

Para Daniela, la censura no es un problema moral abstracto sino un mecanismo concreto de persecución política, En el mundo del arte, la censura toma la forma de exclusión de las instituciones, pérdida de oportunidades de trabajo, acoso mediático y procesamiento judicial. Al mismo tiempo, Daniela se resiste a enmarcar su práctica en el victimismo. Más bien, ella aborda la represión estratégicamente, convocando a la solidaridad. “Lo que necesitamos”, dice, “es desarrollar lenguajes, metodologías y estrategias que nos permitan seguir haciendo lo que ellos realmente temen: pedagogía política.”
La insistencia en la pedagogía está íntimamente vinculada con la concepción que tiene Daniela de la historia y de la ruptura generacional. Ella dice que nuestro presente se caracteriza por la orfandad política. El paisaje cultural neoliberal, en el cual muchos artistas alcanzaron su madurez, dice ella, se construyó aniquilando de modo violento a la generación previa de disidentes, por ejemplo, durante la Operación Cóndor en Sudamérica.

Vista de instalación, Comuna o nada, exhibición “Una gota de leche”, Kunsthalle Bern, 2025. Cortesía de la artista.
Lo que necesitamos es desarrollar lenguajes, metodologías y estrategias que nos permitan seguir haciendo lo que ellos realmente temen: pedagogía política.
Desde esa perspectiva, su solidaridad con Palestina es estructural más que simbólica. Daniela insiste en recuperar las tradiciones internacionalistas que fueron centrales para los movimientos de liberación hasta los tempranos años ochenta. Esa tradición, nos recuerda ella, no solo eran moralmente poderosas sino también políticamente efectivas ya que produjeron victorias concretas como la Revolución Cubana, la independencia de Angola y Mozambique, y la derrota de Estados Unidos en Vietnam.
Su compromiso por retomar esas historias ha determinado su práctica desde que volvió a Perú de Europa y la condujo a adoptar medios manuales y accesibles, como la cerámica, el collage y los libros infantiles, para elevar el nivel de consciencia. Significa alinear el lenguaje artístico con los procesos revolucionarios. Daniela ve la búsqueda de formas accesibles pero rigurosas en lo político como una práctica artística antimperialista central de estos días, tal como la llevan a cabo Mohammed El-Kurd, Taring Padi, y Tings Chak.

Daniela Ortiz, La rebelión de las raíces, 2022. Cortesía de la artista.
Este énfasis en lo colectivo también influye en su lenguaje visual. A menudo Daniela dice que su obra habla de “nosotros” más que de “mí”. Por ejemplo, después de terminar La rebelión de las raíces (2022), una pintura sobre la resistencia filipina al colonialismo español, alguien de Filipinas se contactó con ella para agradecerle que hubiera incluido una planta autóctona. Ese reconocimiento, dijo ella, abrió un espacio de identificación “un camino a la reivindicación anticolonial”.
El lenguaje juega un papel crucial en este proceso. En sus performances de marionetas, Daniela insiste en trabajar con el lenguaje local. Cuando presentó por primera vez No es un hueco en mi tierra la raíz que arrancaste, es un túnel en Belgrado, Serbia, la pieza, que reivindica la lucha palestina, las luchas de liberación del siglo XX y el derecho de la resistencia armada, se tradujo al serbio. Daniel califica el proceso de “traducción política”: no es una dilución sino una re-articulación. “Fue un proceso muy intenso”, dice ella, demostrando que el internacionalismo debe construirse a través de la atención, el cuidado y la especificidad.

Vista de la instalación, Sanciones, exhibición “Una gota de leche”, Kunsthalle Bern, 2025. Cortesía de la artista.
Cuando nuestra conversación se volvió al tema de las instituciones, la crítica de Daniela se profundizó. En los contextos occidentales, sostiene Daniela, la mayoría de las instituciones culturales públicas – construidas gracias al esfuerzo de la clase trabajadora y el extractivismo colonial – quedaron absorbidas por la maquinaria de la producción cultural hegemónica, que a menudo anula las epistemologías surgidas de la lucha. Para la artista, esto no es accidental. Muchas de las instituciones que hablan el lenguaje de la descolonización son las mismas que han perseguido a los artistas propalestinos o guardaron silencio de modo cómplice a la vez que le daban voz a las figuras reaccionarias. Esto, mientras los Estados Unidos bombardean Venezuela y sanciona a Cuba e Irán.
Las principales instituciones artísticas, sostiene Daniela, han ayudado a formar la hegemonía cultural que legitimiza la brutalidad de hoy. E insiste en que la respuesta no es la indignación moral o la victimización sino disputar esos espacios culturales y esos recursos. Según Daniela, esas instituciones pertenecen al pueblo – a los trabajadores migrantes, a la clase trabajadora y al explotado Sur Global. La tarea es reivindicarlas como herramientas de organización, liberación y formación ideológica y no permitir tanto que funcionen como sitios de entretenimiento y inoculación mental imperialista. En esa lucha, Daniela entiende el arte no como refugio sino como arma, aula y memoria colectiva.
Daniela Ortiz, Una gota de leche pudo verse hasta el 8 de febrero en la Kunsthalle Bern, Suiza.
Sobre el autor
Noushin Afzali
Noushin Afzali es una escritora y editora iraní residente de Berlín, cuyas investigaciones exploran la cultura y el arte contemporáneos a través del lente de los estudios feministas y poscoloniales. Se interesa espcialmente en las intersecciones de creatividad, crítica social y discurso cultural.
Artículos

Manuel Tzoc: el arte como poesía corporal y relacional

Tres artistas que redefinen la relación entre humanos y plantas en Martinica y Guadalupe

Irmandade Vilanismo: introducir en la Bienal la poesía de la periferia
Artículos

Esperanza de León: curadurías basadas en saberes comunitarios

Los viajes ancestrales de Gladys Kalichini y Maritea Dæhlin
